DOMINGO DE CHURROS

Me han dicho que los domingos hay churrero en Boñar, bien!.Parece que poco a poco todo vuelve a la normalidad, se van recuperando algunas cosas que no debieron nunca abandonarse. Para algunos de nosotros, la costumbre del chocolate con churros los domingos por la tarde estos meses de frío es más que una apetencia gastronómica una reminiscencia de otras épocas. Sin querer casi todos repetimos los mismos patrones que hemos conocido de niños y hay algunos que están bien, tienen su orden, su significado y su gratificación.

Lo que yo recuerdo de la tarde de los domingos de invierno era básicamente eso, el chocolate con churros, normalmente en el Central o en el Viejo, o traerte los churros a casa (quien no se acuerda del churrero que se ponía en la Plaza con aquellas interminables roscas de churros) y entonces el rato de confraternización era un poco más largo: el chocolate era “de hacer” con el consabido rallado, batido con cuchara de madera al uso y las preferencias de cada uno al terminarlo bien distintas: echar leche a la taza para “arrebañar” los restos, había quien tomaba siempre un vaso de agua después, no faltaba quien prefería terminar con un “rebojo” de pan…

Pasamos unos años de experimentos con esta merienda, primera con el chocolate expres, ese que dice que con dos cucharadas colmadas te hace una taza de chocolate espeso y te hinchabas a ponerle más hasta que decidías volver a la “Cepedana” de toda la vida; churros precocinados, churros para microondas, churreras con accesorios de plástico. Que no!

Por supuesto que todo esto después de aquel interminable “Churreeeeeeeeeero” que sonaba por las mañanas de la voz de Albino con su carrito por las calles de Boñar.

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3 comentarios en “DOMINGO DE CHURROS

  1. Todos los que alguna vez comimos los churros de Balbino, tenemos el recuerdo del sabor, no sólo de aquellos fantásticos churros, sino de un tiempo, y un estilo de vida que ya no existe. Aquel sabor a pueblo, a buena vecindad, a paz, … Como un hombre con una cesta y un mandil salía por el pueblo vendiendo su mercancia, que él mismo había hecho; los chicos lo adorabamos, él mantenía a su familia. Todo era absolutammente natural. Tenía el kiosko con su banco de madera, pasabamos allí buenos ratos. Todo parece ahora tan inocente. Esas cosas ya no pasan. Ya te digo, un tiempo que ha muerto y ya no existe. Cuanto han cambiado las cosas… Por todos estos recuerdos es por lo que me gusta este blog. Vale la pena.

  2. Recuerdo en La Corredera cuando pasaba el churrero ofreciendo sus churros, como él madrugaba más que nosotros el domingo, llegaba a mi casa y nos dejaba el paquetito de los churros debajo de la persiana de la cocina (la persiana era de cuerda)nadie lo sabía,!!!! qué recuerdos!!!!nos levantábamos como locas a por el chocolate con churros.

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