NOS GUSTAN LOS ANIMALES muy VIVOS

“El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales.”
(Arthur Schopenhauer)

 

Hace unos días,  a propósito de un enlace que comentaba una extraña forma de dar de comer a los lobos, en una de las redes sociales del mismo nombre de este blog, hubo un par de comentarios, o tres, o cuatro, no más. Me llamó la atención no el fondo de las opiniones, fue otra cosa; en un sitio en el que la normalidad es que pasen de media ochocientas personas por cada publicación y haya escasa o nula participación, me doy cuenta que no es la política, ni la macro ni la micro, -ni siquiera la concejil más cotidiana- lo que mueve y remueve, quiero decir nos acelera y conmueve, son otras pasiones las que motivan al personal, que tampoco corresponden a estos santos días pasados.

Ocurrió una tarde, hace dos puñados de años en la montaña de Boñar, al tiempo de medio bocadillo y un poco de agua, en el entorno de unas increíbles vistas bajo un cielo azul royal, que casi parecía pintado, una manzana, cuatro fotografías y de repente aquel feo sonido de un disparo resonando detrás, no muy lejos.

No sé si era tiempo de caza, ni tampoco nos salimos mucho de caminos ni entramos en vallados, cotos o arboledas frondosas. Desconozco lo legal o ilegal de la consecuencia de aquel ruido corto y seco, pero yo no lo puedo soportar, un resorte salta enseguida y pone en funcionamiento una sensación de asco, lástima, impotencia e incomprensión, deja que solo las vísceras funcionen y cabe nada para razonamiento y respetos. Desde una cómoda piedra con buenas vistas a ese gran Porma inventado y al lado de unas matas de tomillo,  alrededor solo diente de león, grandes margaritas blancas moviéndose al ritmo del suave aire de la tarde, el amarillo de los escobos, tres cardos y algún despachapastores, era todo lo que teníamos al comienzo de la excursión, eso y el sol ese que llaman del membrillo. La perfección y luego esa repugnante invasión de escalofríos. En los segundos que dura ese estruendo no puedo remediar imaginar a esos seres risueños, con el motivo de su entusiasmo al pie, horripilantes fotografías con el animal asesinado, instantánea de la superioridad, acción heroica del día.

Desandamos el camino hasta Boñar, un pequeño corzo cruzó de dos saltos en un tramo, solo hablamos lo justo para prometernos  que no diríamos nada de haber visto a animal alguno en ese punto, al llegar al destino siguiente.

Y es que en el saco de los “deshumanos” incluyo también a esos paisanos pegando patadas al perro que guarda su propia casa, ahogadores de gatos, envenenadores de perros, los que cuelgan a los lobos, osos o galgos de los árboles; también a los que hacen trampas cazando o pescando; a los que esperan a los animales del bosque que están estacados en la nieve no con alimento sino con una escopeta. No hay necesidad de tanta crueldad, no se entiende que esté tan arraigada y bien vista, pero sin embargo llama la atención que lo que si es criticable sea salirse en otras direcciones de lo establecido como tradicional aunque resulte menos tóxico.

La caza, lo mismo que los circos y cualquier otro espectáculo con animales, el uso de pieles para vestir, las corridas de toros o la matanza del cerdo como ceremonia-exhibición parece que pierden fuerza progresivamente (en algunas regiones más que en otras), pero en España es un deporte, y como tal supone el tercero con más número de federados, detrás del fútbol y el baloncesto.

Solo habría que comparar las políticas medioambientales con otras sociedades más avanzadas donde también el respeto por la naturaleza y la convivencia del sector ganadero con la fauna silvestre es posible, mediante políticas más acertadas que no debasten a la especie sino la acerquen a la población y ayuden al sector pecuario.

Por aquí la pretensión de convertir a algunas especies animales en presa de caza,  el desastre de algunas políticas institucionales, y la poca conciencia conservacionista y animal que nos rodea, de momento deja al año un balance de unos 25 millones de animales muertos, sin considerar los incontables descalabros furtivos ni las aberrantes granjas para electrocutar o gasear y que la piel para el futuro abrigo de la señora no resulte dañada (unos 40 millones de animales).

En fin, siempre será esto de la caza una disyuntiva como los toros, como elegir entre Madrid-Barça, igual que ser más de los Beatles o de los Rollings, pero solo que en estos últimos nadie suele salir mal parado…

Saludos especiales a un par de buenos amigos que aún practican, y que a la pregunta ¿que tal ayer?, siempre es “mal, nada, no te preocupes… no fuimos más que a comer el bocadillo y a pegarnos una buena paliza de monte”… ¡gracias!  Y también a algunos conocidos que siempre me parecieron muy respetuosos con el tema, la opinión contraria y seguro que lo son igualmente con los animales y el monte, a pesar de “esa actividad”.

Que no se ofenda nadie, ni se enfade tampoco, no es mi intención, lo único que podría es contarnos su punto de vista, a lo mejor se puede entender esa pasión o afición que yo nunca he entendido, la caza,  las otras bestialidades mencionadas ni siquiera entran a debate.

 

Por cierto, en estas fotos hay algún animal, muy vivo, como me gusta, al sol.

 

 


Post escrito escuchando esta música :  “Canción para bañar la luna” (Las Magdalenas)

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