MADRUGAR UN DOMINGO EN BOÑAR

“En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario.”
(George Orwell)

 

A veces las cosas se vuelven tan desconocidas que de repente dejan de agradarte, tan cubiertas de capas al antojo de generaciones y la arbitrariedad de unos pocos, solapadas sin orden ni concierto, que obligan a bucear al encuentro de su esencia.

El Parque del Soto, en tiempo pasado nombrado como “Parque Alcalde Félix Población”, (como recordaba el desaparecido arco metálico con la inscripción en el camino de salida de las piscinas) es uno de esos lugares que dependiendo de la zona que pasees puede ser que no tengas que escarbar capa ninguna. Caminando la acera, nada más tomar el cruce en la Corredera, a la derecha algunos huertos y a la izquierda las mismas paredes destartaladas , solo que hoy la puerta está cerrada, un paisaje de altas hierbas y los edificios del horizonte a través de los huecos de las ventanas ya desnudas. Es raro que en la curva no te cruces con alguien que ya viene del paseo, ahí mismo, donde el bloque split sostiene el muro y continúa hasta la presa cuajada de ranúnculos de agua.

El día es claro, y la chaqueta que en un principio llevas puesta a la ligera pasa a estar atada a la cintura, temperaturas de estos últimos días de junio,  inherentes maneras de señoras nacidas por aquí arriba. Algunas flores alegran un par de balcones frente a la única casa de la recta que todos cruzamos para exprimir los pocos metros de sombra que regala el tejadillo de la entrada, y ya la vista a Pico Cueto descuida esa Intendencia Municipal, por otro lado nombramiento tan inusual para estas latitudes.

El “aparcadero” surgido sacrificando un buen puñado de árboles, espera desabrigado eventos veraniegos y domingos de calor, que según Mario, un vecino de la montaña de Vegacercera, dice que una paisana de su pueblo -que tendrá no menos de trescientos años-, le aseguró que en lo meteorológico nos depara un verano extraño, semana buena, semana tormentosa… empirismo rural puro, pero claro, mejor que lo diga así en casa, en la intimidad, que si lo manifiesta por ahí puede que venga cualquiera más leído y viajado y le llamen ignorante y refranera… “Yo te creo”, a tí también.

Contemplar, de frente, el camino a Barrio de las Ollas, custodiado entre los setos del camping y las verjas entreveradas de vegetación más menos alineadas de la piscina, con el puente sobre el Porma de lejos da tranquilidad, reconoces cualquier tiempo pasado, en cada centímetro de ese camino de ida o venida todo está igual. Miro a la derecha y adivino al fondo el Campamento Juvenil “Puente Viejo”, décadas atrás el “Jose Antonio O.J.E. Boñar”, y el campo de fútbol, improvisado campamento urbano de verano para bolsillos con posibles, enfrente todo duerme aún, incluso el animado chiringuito y el parque infantil, protegidos de la presa por una valla, elemento ajeno pero bien recibido.

 

 

Elijo continuar hacia delante y girar a la derecha escoltada por el Porma a la izquierda, una orilla colmada de caravanas con parejas o familias con niños, todos madrugadores en busca de sol y tranquilidad. Termos sobre mesas plegables, tumbonas esperando que el sol suba de volumen, periódicos con dominical, paisanos mirando al único pescador que permanece en mitad del río con el agua no más arriba de los tobillos. Viento suave, y conversaciones apacibles. Un poco más allá anda Gilberto, adecentándose espejo en mano, ese minero jubilado de Mieres que carga una bicicleta de 70 kilos y anduvo por 90 países, o al revés, no me acuerdo bien como era. Dice que hay truchas, pero que no se pueden coger, que hay que soltarlas otra vez. Con moderada vehemencia, acuso el daño irreversible en las branquias al sacarlas del agua, a esos pescadores que buscando su anzuelo dentro de la trucha  se llevan partes del pez, además de que al manipularlas son más propensas a infecciones perdiendo su revestimiento, ah, y el dolor que sienten cuando son pescadas… pero bueno, lo llaman “sin muerte” cuando tendría que ser “pesca sin muerte inmediata“. Un pintoresco personaje Gilberto,  conocido de sobra en toda la cornisa, y advertido en el resto del territorio nacional, que en un minuto te cuenta mil historias en primera persona, de bicicletas, coches, herencias, grupos musicales, lo que cuesta comer en cada lugar, viajes exóticos, lecciones de capitalismo salvaje, lo que es andar con lo justo, tener de más, mujeres, hombres… y viceversa. Allí quedó a la fresca de los chopos.

El camino hacia el Puente Viejo siguiendo esta ruta tiene visiones imperecederas a ambos lados, pero casi es mejor no llegar hasta allí mismo, hay un punto donde si continúas dando un paso más, pierdes la perspectiva, y la mirada te devuelve los años que en realidad tienes.

Aún así, un paseo interesante, de vez en cuando, en soledad, solo mirando y encontrando.

 


Canción recomendada para leer este post:

 

 


 

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2 comentarios en “MADRUGAR UN DOMINGO EN BOÑAR

  1. Muy elocuente el comentario, descrito con detalles que quiero entender y me hacen buscar en mi mente cada rincón que te falta por fotografiar con tu texto, con tus fotos ya lo haces. Ahora voy poco por mi pueblo, “Que no lo es” pero soy incapaz de no quererlo, aunque lo maltraten con los cambios.
    Gracias Conchi por enseñarme lo que fotografie tantas veces en estos últimos años.
    Precioso texto

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    1. Gracias a tí, por mostrarme mis defectos desde la crítica constructiva -ahora siempre me fijo en “los colores”- y también lo contrario. Se que cuento con lectores de calidad. Saludos.

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