UNA FRÍA MAÑANA DEL 12

“La libertad de la fantasía no es ninguna huida a la irrealidad; es creación y osadía.”
(Eugene Ionesco)

 

“Lo que tienes que hacer es escribir, que se te da bien y dejar la política para otros”, “Escribir si, pero de los 70’s o así, de política local mejor no hables, es un consejo, que luego…”, “oyes, pero tú, ¿qué eres del Barça?”, “jolín, es que siempre hablas de historias del Parque y las Eras, los otros barrios parece que no existían”, “yo, desde luego me voy de la página” (dicen los que yo no sabía ni que se asomaban por aquí). En definitiva amigo, que esto está pasando de ser entretenido a moderadamente cargante.

Guau, guau, guau -asintió indulgente el animalín, finalizando con un aullido largo, como de conformidad, eso creo…-

Es que no sé, -seguí mi perorata, mientras rodeaba los muros en busca de sombras y reflejos-, si me declaro animalista, me dicen que ofendo a los cazadores y al gremio de la guardería de monte, en un tiempo que  no quedan ni ojeadores que cobren de los señoritos. Si soy vegetariana, me falta el color del solomillo en los mofletes y además ¿de dónde saco yo pa’B12?, eso y que ¡vaya matanza de lechugas, lo mío!. Si faltan informaciones al día, es que “pongo lo que me interesa solamente” y además es que esta gente es complicada de entender: si subo una fotografía hay quienes la descargan  o comparten siendo para mí mudos sociales. Y si la tropiezan en otra página, ahí sí que sí interactúan: dan dieciocho veces seguidas al like a todas las que estén alrededor, sean de Babia, el Órbigo o las Omañas.

El perro metió la cabeza entre las rejas, me siguió con la mirada, moviendo las orejinas, yo diría que más por el aturdimiento que por el interés, pero al fin y al cabo, una fría mañana del año 12, tampoco habría mucho más que ver por ahí abajo.

Un hombre muy abrigado cruzó por la acera en dirección contraria a la que yo caminaba, llevaba un gorro de lana gris calado hasta las cejas, a mi buenos días replico un ” …ios” en tono decreciente profundo. Dos coches pasaron despacio, el copiloto de uno de ellos giró el cuello 180º, al punto de que no creo que se haya librado de un esguince cervical severo, debido a ese interés que nos mueve a los humanos por el conocimiento, me refiero al de la vida de los otros. Dio media vuelta un poco más allá y regresó a llenar una botella de agua, pequeña; a mi buenos días, el piloto levantó el cuello hasta lo que da de sí la nuca para tocar la espalda, el copiloto no se inmutó. ¡Qué pena, compañeras de plastilina y juegos alrededor de las plataneras!

Guau, guau, guau -insistió el perrín- Debió pensar que me iba sin despedirme, me miró desde la otra orilla de la carretera, quise intuir claramente que estaba de acuerdo en que cada uno debe hacer lo que crea conveniente, y también que siga su camino mientras no pise, humille, sacrifique o denoste el de nadie. El pensamiento es libre, lo mismo que el miedo que se combate siendo valientes, y la primera acción es no esconder ni nuestras intenciones ni nuestra manera de ver las cosas.

Hasta pronto, quise decirle, pero tan acostumbrado estaba a medias palabras que se fue, porque en un abrir y cerrar de ojos ya no estaba, es más no sé si estuvo ahí  en algún momento…

 


Erase una vez, en 1912
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