DE GUSTIBUS NON EST DISPUTANDUM

“Es mucho más difícil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual, todo el mundo opina.”
(Josep Pla)

 

Era también una noche de marzo, pero la recuerdo más fría, los vientos que venían ya disparatados más allá de Adrados, rebotaban en las fachadas traseras de la calle de las Escuelas y luego se colaban por las rendijas que encontraban para chocar contra ventanas como desde la que yo podía observar el baile de las lamas de la persiana, como aquellos ligones arrítmicos de discoteca en la época de la lambada, todo fuerza al punto del contorsionismo.

Era marzo, y frío como anoche, me encontraba inmersa en alguna entretención antes de rendirme entre las formas de la almohada y las ondas de la radio. No serían más de las once, pero ciertamente algo tarde para invierno, cuando sonó el timbre insistentemente: “Qué, ¿dónde está el paisano?”. Atónita, lo primero por la pregunta, lo segundo por eso del paisano que nunca me concernió, cuando veinticinco años más tarde aún prefiero novio, que es un término mucho más tierno y comprometido, digo… Pero bueno, dejando el tema de las formas y el léxico aparte, respondí: –Hombre vecino, es un poco tarde, ¿qué querías?.Es que vengo ahora de la Corredera y se formó un charco allí que no veas, y digo, pues cogemos a las mujeres y las llevamos a verlo…, todo esto gesticulando asombradísimo, yo iba haciéndome idea de la magnitud según sus aspavientos, el desastre según sus expresiones era de consecuencias indomables, un lago en la finca contigua a la panificadora que, al extenderse hubiese formando un afluente serpenteante Corredera arriba y otro hacia Barrio… -Bueno, no te preocupes, para nosotros es un poco tarde ya, gracias, mañana por la mañana lo vemos.

Y es que a mí ese tipo de curiosidad,  grande, pequeña,  trascendente o nimia pocas veces me ha movido del sitio. Ahora las redes permiten que no tengas que salir a ver charcos a las once de la noche ni fuentes de colores al caer la tarde, te haces un facebook, invitas a setecientos “amigos” y ya tienes la ventana perfecta para contemplar el vendaval, tú te quedas a cubierto, eso sí aunque veas volar al vecino agarrado a una farola.

O también tienes la opción de esperar el momento preciso o la casualidad, el tiempo siempre te guarda una ocasión. A mi me gusta más este modo.

 

Iglesia de Boñar y monumento al Negrillón

Por cierto, os dejo unas fotografías de la Plaza del Negrillón en una visión nocturna con sus coloridos elementos. No son colores que luzcan permanentes según el día que reivindiquen -yo así lo creía-, es una sucesión de tonalidades como esas guirnaldas de navidad que cambian del rojo al azul, pasando por el rosa, el amarillo, el verde y el violeta. Claro que también pudiera ser que esté bien pensado y sea parte de la campaña electoral que está en ciernes, luciendo así los colores de las formaciones, entonces veremos al final cual de todos queda fijo… son tiempos complicados, no conjunta cosa cualquiera.

 

El caño de la plaza y la Iglesia de Boñar

Sobre gustos no hay nada escrito o para gustos colores, que es más o menos lo que venían a decir en la época medieval, con el adagio en latín “de gustibus non est disputandum”. Así debe ser, luego ya que cada uno haga “click” en la combinación que más le agrade, o cuando la luz y el viento le sea favorable.

 


Vista nocturna de Boñar

 

 

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