¡NIÑOS, AL CAMPAMENTO!

Los rebaños sin carea ni pastor da igual en el monte o la pradera, si quieren se zafan de alguna manera.
(conchitinarp)

 

Mientras algunos sostienen que los guajes han de estar por el pueblo asilvestrados durante el verano cual rebecos por el monte, como si se tratase  de los años setenta, cuando en el pueblo se iba detrás de las pobrinas lagartijas, a mear grillos para que saliesen del escondrijo o a formar casinas con las piñas y acículas caídas de los pinares, otros buscan para sus infantes ese contacto real con la naturaleza, y desconexión completa de la tontuna, en los campamentos de verano.

En el pueblo se está bien, no pasan coches ni hay peligros, no hay bares y los guajes salen de casa con un cacho pan y una tajada de chorizo o salchichón del casero y algunas veces con una rebanada de hogaza untada en nocilla… hace treinta años de eso. Ahora resulta que esa no es la vida de muchos retoños en los pueblos,  amodorrados se acircan alrededor de dos pantallas de juegos, con las que todo el año llevan ensayando y ahora ya es barra libre, forman dos hileras unos frente a otros (pero no para jugar al banderín ni para mantener las tradiciones folcklóricas de su pueblo no), quedan mudos como si hubiera pasado una torrot azul brillantina eléctrica o un seat 127 naranja con airbag. Total, en los pueblos igual que en los jardines y parques de las ciudades.

La fila es pura robótica humana, pequeños seres telefonados haciéndose fotos y mostrándolas, o peor, engordando el ego y los morros descartando imágenes como si se tratase de cromos sin interés o repetidos. Clic, clic, clic. De vez en cuando son capaces de emitir también diferentes murmullos, de pocos segundos, sucede cuando alguien exhibe videos de estólidos seres emitiendo chorradas, u otro capítulo del señor del amazonas y sus tutoriales de cómo tocar la guitarra sin instrumento, o el espectáculo de un chaval salpicando la cocina de sus progéneres con yemas de huevo. Jodido youtuber. ¡Qué risa! De vez en cuando alguna madre que presencia la escena levanta la mirada entre whatsapp y whatsapp, amenazando arrebatada : ¿A que te quedas sin teléfono?, ¡a jugar por ahí!

En el pueblo los guajes están mejor, sí, cuando están, pero sin que las bondades de tanta libertad toquen la linde de lo pernicioso, cuando seamos capaces de cuestionarnos ¿qué ostias estará haciendo un adolescento fuera del radio de acción de la casa en un tiempo en que ni saltipajos hay y si los hubiera no tendrían nervio ni para pisarlo? (menos mal, aunque sea por temor hay menos lagartijas con tara y por contra no podrían distinguir un tábano de un abejorro, pero eso sí, in English te lo dicen correctamente: “gadfly mama”).

En los pueblos, hoy como ayer, si no hay un adulto con tarrate y ganas, de esos de me llevo a toda la chavalería a visitar esa cueva o a caminar aquellos andurriales o a las cinco a la piscina atajando por aquí o a la noche les enseño las pocas luciérnagas que quedan junto a la charca en dónde un día había ranas pero hoy le dío a un fulano por hacerlas ancas… muchos rapaces no salen del atolladero de reandar calles a golpe de palomita sabor mostaza. En los pueblos como en los jardines y grandes parques de las capitales.

 

Campamento del Soto en junio

Los primeros campamentos educaron en valores, conciencia, aseo, puntualidad, camaradería, compañerismo y otros como orientación y juegos. Lo digo por que mi primer trabajo a los dieciséis años recién cumplidos (digo primero con nómina y remunerado…) fue en uno de ellos, quizá el más estricto, en una organización que hoy ya no existe como tal. Los niños que hoy puedo reconocer llevan grabado todo eso, a pesar de posar el equipaje del primer día con lágrimas y soltar la mano del padre con dificultad, para al final  lo de abandonar Boñar y a los amigos constituir un inmenso drama.

Hoy, los campamentos siguen educando en todos esos valores pero mucho más tolerantes en las normas, no se canta a las siete de la mañana ni hay que ponerse pantalón corto aunque la temperatura en Boñar a esa hora sea de siete grados.

Acaba de abrirse el plaza en la Campaña de verano Excma. Diputación de León, pero hay múltiples opciones, tanto Kayak Pico Azul, como Grupo Joven, Guheko o infinidad de empresas más se encargan de animar por una semana o dos el verano de nuestros niños y adolescentes, haciendo que ya sea difícil que quieran renunciar al siguiente verano sin campamento. Multiaventura, cocina, música, baloncesto, fútbol, inglés, surf… y el resto del día para desconectar de teléfonos y aparatos electrónicos, para hablar con las personas y aprender cómo se friega un plato, se hace una cama o se conserva un amigo durante todo el año sin verse.

Un gran invento eso de los campamentos de verano, de verdad. (Algunos ya habréis solicitado los de la Junta de Castilla y León, eso es otro mundo, un sorteo que sale en el BOCyL por marzo/abril y que consiste en tener suerte… o algo.)

Eso sí, en el pueblo el fresquín es incuestionable, el silencio de la noche, el sonido del agua de las fuentes y también el de los árboles al atardecer.

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